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Posts Tagged ‘Eduardo Mendoza’

Después de estar casi mes sin escribir, vuelvo aprovechando unos días de descanso. Como sabréis, leo desde hace poco a Mendoza, sin embargo la mayoría de sus libros me han gustado mucho, y además , hay bastantes en casa. No hará cosa de un mes me leí el primer libro de esta trilogía, El misterio de la cripta embrujada, todas ellas protagonizadas por un detective lunático internado en un manicomio que resuelve extravagantes casos; siendo todo una parodia de las novelas policíacas. A diferencia de otras novelas de Mendoza, esta se sitúa en el presente, es decir, en la misma época que cuando fue escrita, allá por los ochenta. El primero me gustó mucho y así que poco después cogí el segundo.

En este, nuestro curioso detective es mandado por la policía y el mismísimo ministro a entregar una importante suma de dinero contenida dentro maletín. Para ello, tendrá que irse a Madrid, donde se lo robarán y asesinarán a un hombre que confundieron con él. Amenazado, empezará una investigación ayudado por otros peculiares personajes…

En principio, la novela pinta muy bien, además empieza rápidamente, sin andarse con rodeos, a pesar de eso algunas veces se estanca hacia la mitad por la falta de nuevas pistas aunque gracias al aspecto cómico no aburre. Creo que si lo novela tuviese unas cuantas páginas menos (y eso que no es muy larga, 270 páginas), mejoraría ya que así estas partes se reducirían. Además, pienso que a este tipo de novelas le favorece un formato corto. Poco a poco la pistas se van acumulando, la tensión aumentado, aunque poco se intuye, y una va esperando un final alocado pero que explique todo. Sin embargo, el final es un gran bluff, excesivamente anodino, poco explicado (se resume en una frase) y que a mí no me termina de encajar con el resto de la trama. Durante el resto de la novela, como no sabemos que está pasando, la endeblez de la trama no afecta tanto pero finalmente deja un sabor agridulce. Sé que en esta novela la trama policíaca no es lo más importante pero considero que tiene que ser mínimamente sólida para que la novela no pierda calidad y se convierta en una serie de gracietas enlazadas (aquí, afortunadamente, no llega a tanto).

Los personajes son de lo mejor del libro, muy variados pero normalmente pertenecientes a lo más bajo de las escala social, todos con un punto cómico y peculiar. Hay que destacar al detective (que narra la historia en primera persona), que a pesar de repetir constantemente que no está loco, lo demuestra muchas veces con sus peculiares actos (que el toma por normales); aunque eso no quiere decir que no tenga a veces ideas brillantes e ingeniosas. Otro personaje al que le he cogido cariño ha sido Don Plutarquete, un extrañable viejecito historiador un poco pervertido pero que será de gran ayuda. Dentro del equipo de investigación también encontramos a la Emilia, una actriz y que es el personaje más cuerdo de la historia.

El estilo del libro es muy particular, ya que además de ser narrado por un loco, este adopta un tono muy refinado, culto y formal que no nos esperamos viniendo de un iletrado. Esta especie de desajuste es uno de los puntos principales del humor de la novela (y de la trilogía) además de la situaciones absurdas y personajes pintorescos (en general, todo casio caricaturesco); que creo que dan una idea aproximada del cutrerío que había en la España de los ochenta.

En conclusión, me ha gustado pero menos que el anterior, cuya trama me parecía más consecuente así como su final. Opino que aquí Mendoza quiso rizar el rizo demasiado y se le fue un poco de las manos, pues a veces el libro da demasiadas vueltas a lo mismo. Me ha hecho sonreír bastante, y hasta he soltado alguna risita (no soy de las que se ríen mucho con un libro), por lo tanto creo que el aspecto cómico está logrado aunque para disfrutarlo hay que entrar en el juego del humor absurdo. A veces ciertas situaciones me parecieron demasiado forzadas o alargadas, no obstante, son pocas. Creo que la mayor parte de la impresión negativa me la ha causado ese final con el cual se le ve el plumero al autor. De todas maneras, su lectura me ha hecha pasar un buen rato y lo recomiendo, pero es mejor leerse el primero, que es muy bueno. Pese a que me ha decepcionado un poco, voy a continuar con la trilogía, aunque tengo entendido que el tercero es más flojillo.

6,5/10

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Después de leer La ciudad de los prodigios, que me gustó bastante, decidí repetir con Mendoza. Al principio pensaba coger Riña de gatos pero como a mi madre le decepcionó, lo descarté y finalmente escogí La verdad sobre el caso Savolta, que ya estaba por casa.

En esta novela, Eduardo Mendoza nos transporta a la Barcelona de entre 1917-1919, en la que un ayudante de abogado, Javier Miranda, se ve envuelto en una serie de crímenes relacionados con la empresa armamentística Savolta… Prefiero no contar mucho más ya que creo que es mejor leerlo conociendo poco de la historia, sino pierde parte de su capacidad de sorprender.

Quizás lo más curioso y original de la novela es su estructura, ya que va intercalando en desorden breves episodios contados desde varios puntos de vista (aunque el que domina es el del protagonista). Al principio es un poco desconcertante porque no hay ninguna presentación ni  nada similar (además en mi edición no había sinopsis) pero esa especie de misterio acerca de la trama ayuda a que te enganches con facilidad y al ser muy corta cada “escena”, no aburre. A partir de la página 50, ya se pueden ir uniendo episodios y reconstruyendo la historia pero la estructura se mantiene. Solamente en la parte final la novela adquiere una narración cronológica y convencional. Nunca había leído algo parecido pero esta manera de narrar  me ha gustado mucho.

La trama va avanzando aunque quizás durante la parte central del libro falten hechos de relevancia, pero el interés se mantiene gracias a la estructura, que mantiene la intriga, de la que poco a poco se va intuyendo más. Quizás el libro se guarda demasiados elementos para al final, el cual me pareció bastante bueno a pesar de que no lo desvela todo (especialmente acerca de ciertos personajes).

La ambientación no es tan concisa como la de La ciudad de los prodigios (que lo era demasiado) sino que más bien se nos lleva por los diferentes ambientes de  Barcelona (sin entrar en descripciones geográficas ultra-precisas), desde los cabarets más infames hasta las fiestas de la alta burguesía.

Me han gustado en  general casi todos los personajes, destacando a Leprince que tiene un encanto especial, un aura de misterio y elegancia que lo hace fascinante y que a mí me ha parecido el más atractivo  de la novela por su profundidad. Por eso me habría interesado saber más sobre él aunque quizás así habría perdido su toque. También destaco a María Coral, una gitana muy singular y capaz de comportarse de múltiples maneras, y al abogado Cortanbanyes, que da la nota cómica y patética. El protagonista, Javier Miranda, me gustó pero me pareció demasiado sosete comparado con otros. El resto de los personajes secundarios no me llamó tanto la atención, pero están bien definidos y algunos tienen su toque cómico.

Sé que hay mucha gente que echa en falta el humor en esta novela, aunque tenga ciertas pinceladas, pero como yo todavía no leído nada humorístico de Mendoza (es uno de mis próximos objetivos), no sabría que decir.

En resumen, me sorprendió gratamente y me ha gustado más que La ciudad de los prodigios, ya que esta última tiene una parte final un poco aburrida y se extiende demasiado en pequeños detalles. Es de los mejores libros que he leído últimamente y lo recomiendo.

 

 

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Hasta hace poco, Eduardo Mendoza nunca me había llamado mucho. Sí, un autor español conocido, pero sabía poco más. Sin embargo después de ver de que iba “Riña de gatos” sí que me empezó a interesar. Al final, por Navidades nos lo regalaron pero como mi madre lo cogió primero, tuve que contentarme con “La ciudad de los prodigios”, que ya estaba por casa. Ya anticipo que pienso repetir pronto con Eduardo Mendoza.

La novela está ambientada en la Barcelona de finales del siglo XIX y principios del XX, entre las dos exposiciones universales que tuvieron lugar en la ciudad (1888 y 1929); y cuenta la historia de Onofre Bouvila, un muchacho que llega a Barcelona con trece años, justo antes de la primera Exposición Universal. Empezará repartiendo panfletos anarquistas pero poco a poca irá medrando, a la vez que Barcelona va cambiando.

A priori, no es una historia muy original pero nada más lejos de la realidad; está llena de elementos surrealistas, de situaciones cómicas y múltiples historias paralelas que le dan interés. Estás últimas no entorpecen la narración, sino que aportan interés a la principal, sin embargo, el último tercio de la novela, creo que se abusa de ellas y a veces hacen perder el hilo de la principal o de otra historia secundaria.

El arranque no está mal, pero no es de esos que engancha desde la primera. Tampoco puedo decir que tenga un ritmo trepidante, pero sí que es constante y avanza con soltura durante la mayor parte de la novela. Sin embargo, las últimas cien páginas (el último tercio-cuarto), en mi opinión hay un bajón muy notable, del que solo se logra salir en las últimas veinte páginas. Parece que en ese momento el autor ya no sabe muy bien por donde tirar, Onofre Bouvila ya está en la cúspide (por lo tanto ya no puede subir más y la narración pierde interés) pero se lo nota algo perdido, moviéndose entre el arrepentimiento y la reafirmación… No es que sea una parte insoportable ni mala pero para mí le restó diversión al libro, que hasta ese momento me tuvo muy entretenida. El final me gustó, no lo vi venir hasta las últimas páginas, tiene un puntito cómico y surrealista muy agradable. Además, deja con la duda, lo que hace que pierda parte su toque trágico. Lo vi bastante acertado, uno de las pocos finales dignos posibles y que hace que la historia se recupere.

Onofre Bouvila es el protagonista indiscutible de la novela. Ambicioso, frío, cruel, inteligente… Quizás demasiado inhumano para ser totalmente creíble (aunque todos sepamos lo inhumano que puede ser el hombre), pero bastante singular e interesante. Desde mi punto de vista, el momento en el cual sí que resulta demasiado inverosímil es a su llegada a Barcelona; con trece años dudo mucho que alguien tenga tal madurez y semejantes reflexiones, pero bueno, Bouvila es “especial”. Siguiendo con los otros personajes, la mayoría son bastante caricaturescos, extremos o estrafalarios, añadiéndole humor a la historia; aunque sin ser planos ni maniqueos (básicamente, no hay ni bueno ni malos). Por lo tanto, se puede decir están entre lo irreal y lo real.

La ambientación me ha gustado bastante, me he logrado crear una idea de esa Barcelona, muy diferente a la actual aunque a veces las indicaciones tipo “en la calle Y, cruce con la calle Z, donde ahora se encuentra el quiosco W”, no son muy elocuentes para el lector no-barcelonés. Sobre la localización histórica pienso más o menos lo mismo, sin embargo a ratos me resultó ligeramente desconcertante por la mezcla de datos imaginarios y reales. Al principio no sabía muy bien distinguirlos (no conocía el estilo de Mendoza) y me quedaba realmente extrañada; pero al final le fui cogiendo el truco, a pesar de eso tengo que reconocer que no sé si algunos hechos son invenciones del autor.

En conclusión, un libro ameno aunque no me ha atrapado pero se nota que Mendoza sabe escribir. Sin embargo, su última parte, desgraciadamente, la desluce. La veo bastante recomendable, aunque no esperéis un ritmo trepidante.

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