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Archive for 30 mayo 2011

Después de estar casi mes sin escribir, vuelvo aprovechando unos días de descanso. Como sabréis, leo desde hace poco a Mendoza, sin embargo la mayoría de sus libros me han gustado mucho, y además , hay bastantes en casa. No hará cosa de un mes me leí el primer libro de esta trilogía, El misterio de la cripta embrujada, todas ellas protagonizadas por un detective lunático internado en un manicomio que resuelve extravagantes casos; siendo todo una parodia de las novelas policíacas. A diferencia de otras novelas de Mendoza, esta se sitúa en el presente, es decir, en la misma época que cuando fue escrita, allá por los ochenta. El primero me gustó mucho y así que poco después cogí el segundo.

En este, nuestro curioso detective es mandado por la policía y el mismísimo ministro a entregar una importante suma de dinero contenida dentro maletín. Para ello, tendrá que irse a Madrid, donde se lo robarán y asesinarán a un hombre que confundieron con él. Amenazado, empezará una investigación ayudado por otros peculiares personajes…

En principio, la novela pinta muy bien, además empieza rápidamente, sin andarse con rodeos, a pesar de eso algunas veces se estanca hacia la mitad por la falta de nuevas pistas aunque gracias al aspecto cómico no aburre. Creo que si lo novela tuviese unas cuantas páginas menos (y eso que no es muy larga, 270 páginas), mejoraría ya que así estas partes se reducirían. Además, pienso que a este tipo de novelas le favorece un formato corto. Poco a poco la pistas se van acumulando, la tensión aumentado, aunque poco se intuye, y una va esperando un final alocado pero que explique todo. Sin embargo, el final es un gran bluff, excesivamente anodino, poco explicado (se resume en una frase) y que a mí no me termina de encajar con el resto de la trama. Durante el resto de la novela, como no sabemos que está pasando, la endeblez de la trama no afecta tanto pero finalmente deja un sabor agridulce. Sé que en esta novela la trama policíaca no es lo más importante pero considero que tiene que ser mínimamente sólida para que la novela no pierda calidad y se convierta en una serie de gracietas enlazadas (aquí, afortunadamente, no llega a tanto).

Los personajes son de lo mejor del libro, muy variados pero normalmente pertenecientes a lo más bajo de las escala social, todos con un punto cómico y peculiar. Hay que destacar al detective (que narra la historia en primera persona), que a pesar de repetir constantemente que no está loco, lo demuestra muchas veces con sus peculiares actos (que el toma por normales); aunque eso no quiere decir que no tenga a veces ideas brillantes e ingeniosas. Otro personaje al que le he cogido cariño ha sido Don Plutarquete, un extrañable viejecito historiador un poco pervertido pero que será de gran ayuda. Dentro del equipo de investigación también encontramos a la Emilia, una actriz y que es el personaje más cuerdo de la historia.

El estilo del libro es muy particular, ya que además de ser narrado por un loco, este adopta un tono muy refinado, culto y formal que no nos esperamos viniendo de un iletrado. Esta especie de desajuste es uno de los puntos principales del humor de la novela (y de la trilogía) además de la situaciones absurdas y personajes pintorescos (en general, todo casio caricaturesco); que creo que dan una idea aproximada del cutrerío que había en la España de los ochenta.

En conclusión, me ha gustado pero menos que el anterior, cuya trama me parecía más consecuente así como su final. Opino que aquí Mendoza quiso rizar el rizo demasiado y se le fue un poco de las manos, pues a veces el libro da demasiadas vueltas a lo mismo. Me ha hecho sonreír bastante, y hasta he soltado alguna risita (no soy de las que se ríen mucho con un libro), por lo tanto creo que el aspecto cómico está logrado aunque para disfrutarlo hay que entrar en el juego del humor absurdo. A veces ciertas situaciones me parecieron demasiado forzadas o alargadas, no obstante, son pocas. Creo que la mayor parte de la impresión negativa me la ha causado ese final con el cual se le ve el plumero al autor. De todas maneras, su lectura me ha hecha pasar un buen rato y lo recomiendo, pero es mejor leerse el primero, que es muy bueno. Pese a que me ha decepcionado un poco, voy a continuar con la trilogía, aunque tengo entendido que el tercero es más flojillo.

6,5/10

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Este libro venía en una de las colecciones de El País y hasta esta Semana Santa, estaba cogiendo polvo en la estantería. En verdad, lo había intentado leer una vez pero a la primera página lo abandoné, no sé, el libro casi tuvo un efecto repelente sobre mí. Total, que aprovechando las vacaciones (y que no tenía ningún libro), le di otra oportunidad. Además, había un mini club de lectura en “Ábrete libro”, foro del que tengo que hablar algún día.

Es un poco difícil presentar la historia sin contar demasiado, ya que la mayoría de los hechos están muy entrelazados, así que solo mencionaré el principio: La historia se sitúa en dos ciudades, Londres y París, en los albores de la Revolución Francesa y durante ella. En 1775, el doctor Manette es liberado después de estar 18 años preso en la Bastilla, lo que le ha provocado una grave locura. Su hija, la cual pensaba que estaba muerto, es acompañada hasta París por el señor Lorry para llevarlo de vuelta a Londres…

Como digo bien, esto es solo el principio de la historia, cuya complejidad y tramas son mucho mayores. Por lo tanto, nos encontramos ante una novela histórica que ha pasado a ser uno de los clásicos de la literatura. Al contrario que en otras novelas históricas, aquí no hay una avalancha de datos ni aparecen personajes históricos, pero el contexto tiene una gran importancia: va a ser el desencadenante de todo y explicará en parte los actos de los personajes. La historia tiene buen ritmo aunque tarde bastante en meterse en el meollo, además de estar escrita con mucho talento y una excelentes descripciones y metáforas. Para mí, el estilo de Dickens es uno de los puntos fuertes. Sin embargo, creo que hay cosas que se intuyen demasiado rápido (quizás era lo que quería Dickens), lo que hace que al final se pierda parte del efecto sorpresa y un poco de ritmo.

Los personajes en general me han dejado un poco fría. No es que estén mal construidos, sus acciones son lógicas y tienen personalidad pero son demasiado maniqueos. Por un lado tenemos a unos personajes que parecen que no ha roto un plato en su vida, llenos de buenos sentimientos, etc y por otro a unos malos-malísimos, despiadados e inhumanos. Esto les quita bastante verosimilitud pues los buenos no solo se mantienen fieles a su espíritu, pero aun en las situaciones más adversas, no se les ve ni una mala palabra ni cierto rencor. Aunque casi todos los personajes sean un poco arquetípicos (la esposa- hija devota, el padre protector, la fiel criada…) hay algunos que en mi opinión destacan: Sidney Carton, atormentado y que según él ha echado su vida a perder, sin embargo, es capaz de hacer grandes actos; no aparece mucho pero tiene un papel importante. Y la señora Defarge, que a pesar de ser un personaje un poco extremo, es inteligente y tiene un aire inquietante (y con razón xD)…

En general, es un libro ameno y redactado con gran maestría, sin hacerlo difícil. Yo lo recomendaría especialmente a los amantes de los clásicos. Tengo también por mi casa Oliver Twist y aunque conozca la historia, probablemente me lo leeré pronto.

8/10


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